
Muy acorde con este onceavo y benéfico mes del año, gregoriano por supuesto, vierto algunos conceptos sobre el significado de vanagloria de noviembre, noviembre es encantador es como un viento solitario, que gime al doblar las esquinas en busca de su propia identidad, y que tira persistentemente de las últimas y descoloridas hojas que aún se aferran a los álamos. El viento susurra y se lamenta, exhalando a la vez el aroma de los fuegos otoñales y de la ventisca que acecha más allá del horizonte. Sin las glorias de las postrimerías del otoño, y ajeno todavía a las del invierno, noviembre nos tiene a la expectativa.
Son días de quietud. Los colores palidecen, al tiempo que las fuerzas de la vida concentran sus energías, ya no en lucirse, sino en sobrevivir. El índigo brillante de los cielos de octubre se desvanece y se trasforma en malva, y luego en gris pizarra. Los ríos reflejan estos tonos en sus glaciales aguas. El áspero coro de las ranas es menos intenso; de las riberas cubiertas de cañas brotan hierbas atezadas, y la vida de las charcas se retira en busca de aguas más profundas. Los pájaros que aún quedan pían quedamente, mientras los graznidos en sordina de las aves acuáticas tardías descienden flotando por el aire brumoso
Noviembre es tiempo de recogimiento. Los árboles liberan sus banderas de vida, y en breve lo que vive y lo que ha muerto se confunden: grises siluetas, que se recortan contra el gris del cielo. Las escarchadas flores se marchitan y decoloran al retirarse los jugos vitales al refugio de raíces protegidas. Los animales terrestres de poca talla buscan sus guaridas; los insectos se refugian en sus agujeros, o bajo una peña. La cálida Luna llena de la temporada de cosecha retrocede en el vacío del espacio, y su luz ilumina el desnudo paisaje con fríos rayos metálicos.
No obstante, noviembre es un mes limpio. El aire sopla vigoroso, húmedo y penetrante. Los bosques están expuestos a los oblicuos rayos solares. Toman forma y adquieren individualidad las matas y los árboles que sólo eran una plasta de tonalidades verdes. Del lado opuesto de las colinas, la vista abarca un paisaje despejado, y los vecinos que el follaje separaba de pronto se ven más cerca de nosotros.
En la belleza de octubre, habríamos podido caminar y caminar a través de un estallido de colores, aspirando el aire embriagador, deseando que el ciclo vital se detuviera en aquel punto. Pero los tonos grises de noviembre lo alteran todo. Paseamos la mirada por un panorama pintado con colores neutros, que ahorra sus recursos, armado contra el frío inminente, y ya no podemos negar su índole propia a la estación que se aproxima.
Algo, en nuestro interior, aguarda expectante la prueba que está aún por llegar.
Noviembre espera y nosotros, también.
Escrito en Entorno